21 de September de 2019

EL ANALISTA Y LO SOCIAL – de Juan Mitre(EOL)

De lo social a lo imposible de colectivizar y retorno. Una cita con “EL ANALISTA Y LO SOCIAL” de JUAN…


De lo social a lo imposible de colectivizar y retorno.

Una cita con “EL ANALISTA Y LO SOCIAL” de JUAN MITRE

Por Gabriela Cuomo

                                                                                  

      “De los muchos mundos que el hombre no ha recibido como                         regalo de la naturaleza sino que ha creado con su propio espíritu, el mundo de los libros es el más grande (…)  Sin palabras, sin escritura, sin libros, no hay historia, no existe el concepto de la humanidad.” [1]

Hermann Hesse

 

  Llego a esta cita, a la que los invito como lectores, con las palabras de Lacan en la Intervención de Cierre de las Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana, en 1975: “…lo que yo quisiera es que el psicoanálisis (…) dure, dure el tiempo que haga falta (…) en tanto que síntoma, porque a pesar de todo es un síntoma tranquilizador.” [2]

¿Cómo incitarlos a la lectura y hacer de estas palabras sobre el libro algo más que una reseña?  Esa es mi apuesta al escribir.

Podría empezar por decirles que este libro es uno y múltiple a la vez.  Es un libro sobre el analista y su acción ciudadana en el malestar en la cultura contemporánea.  También es un libro sobre la actualidad de la clínica y los modos versátiles de responder, uno por uno, al sufrimiento y el estallido de los lazos sociales.   Es un texto donde el psicoanálisis dialoga, dejándose enseñar, con la literatura.  Y en el hueso de su enunciación es un libro sobre la formación del analista y el advenimiento de ese deseo impuro que le compete, con el entusiasmo que lo acompaña.

Pero quisiera antes de entrar en esa multiplicidad, hacer un rodeo para ambientar un poco el encuentro al que los conduzco.

Dado que un libro, tal como enuncia cierto aforismo popular [3], puede entrar en serie con un hijo; podemos atribuirle, si me lo permiten, cierto carácter vivo; producto además de una gesta libidinal.  Voy a quedarme con la dimensión libidinal del libro, pero no como producto sino como partenaire.  Todos los que hacemos la experiencia de leer sabemos que cuando un libro no nos resulta indiferente, el lazo que armamos con él involucra el amor, el odio, la fascinación; el cuidado obsesivo para mantenerlo inmaculado o por el contrario, la necesidad de apoderarnos de él dejándole nuestras propias marcas.  Lo hacemos circular como un don o lo retenemos celosamente; lo devoramos sin pausa o nos aproximamos intermitentemente con cautela.  Me propongo entonces conducirlos a “El analista y lo social” con el espíritu de una Celestina [4], y con la expectativa de que sea un encuentro del orden del amor.  Pero del amor que M. H. Brousse llama “amor real, sin piedad” [5], el que no se funda en la ilusión de la comprensión.   El amor por y en la diferencia, que perturba de la buena manera porque impide adormecerse y mantiene abierto, renovado, el lugar de la causa en relación al deseo.

  • Va ahora entonces mi apuesta por el candidato.  Comienzo por su nombre: “El analista y lo social”.  ¿Por qué ese par de términos allí, juntos y a la vez separados?  De principio a fin de lo escrito comanda el recorrido una pregunta: ¿cómo introducir la presencia real del psicoanalista en lo social?  Y a la par, se bordean ciertas respuestas posibles: el analista como un “maestro zen contemporáneo”, como “agujero vital”, “doble agente” (en relación a la Salud Pública y al psicoanálisis), un “loser distante”; y otras que descubrirán cuando lo conozcan.  Pero lo que me interesa resaltar es que el título no sólo señala como posibilidad una acción del analista que se conjugue con lo social; también interpela a nuestra comunidad, la de los analistas, señalando (a lo largo de sus capítulos) aquello que bajo la forma de ciertos “purismos” opera como resistencia a la permanencia del psicoanálisis en el mundo.  A la idealización del psicoanálisis puro se opone el  “estar disponibles para la oportunidad” [6], porque en ocasiones se trata de la única que tendremos con un sujeto, y tal vez para ese sujeto  se trate de una de las pocas posibilidades de hacer una experiencia que traiga alguna diferencia en su forma de vivir.  Así lo enseña el testimonio clínico que Ricardo Mauro construye en “Estética de una caída: Invención, tiempo y acto” [7].  La oposición purismo-oportunidad me llevó a una conferencia de J. C. Indart, en 1998, bajo el título “Psicoanálisis y cortesía” [8].  Allí se aborda la formación del analista y la posición que le  conviene al interior de nuestra comunidad y en lo social; desde la idea china de cortesía como virtud,  que Lacan retoma en el Seminario 18  por la vía del filósofo Mencio.  La cortesía consiste, sin querer aquí reducir su complejidad conceptual, en el buen uso del semblante y de la oportunidad.  Sin garantías.  Cada vez.

“El analista y lo social” es un libro cortés y oportuno.  Interpreta nuestra época y nos recuerda, como afirma Freud, que toda psicología individual es simultáneamente psicología social.  El otro cuenta, dice Freud, “como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo” [9].  Me interesa destacar de esta referencia la idea de que el otro cuenta, entraen la cuenta, su presencia se inscribe y tiene valor en cada una de estas dimensiones, aún en la de “enemigo”.  Si algo caracteriza el malestar actual en la cultura es que el otro ya no cuenta, ni siquiera como digno oponente.  Por eso, la propuesta de una política del lazo y de la conversación, que soporte las diferencias y el no saber;  se vuelve necesaria para “ir contra la segregación, el cinismo y el individualismo imperante” [10].  ¿Cómo? Haciendo uso de dispositivos o inventándolos, en lo público, en lo comunitario; sin dejar de estar orientados por el síntoma y lo singular, y recuperando lo que el neoliberalismo insiste en expropiarnos: el tiempo, el cuerpo, el decir y la experiencia.  Les recomiendo entonces que pasen por el texto “Una juegoteca, una experiencia de palabra” [11], donde Mercedes Buschini le da cuerpo a una política del lazo, que incluye el síntoma de cada quien.

Prosigo mi labor de Celestina.  Quizás puedan, entonces, permitirme afirmar que a un analista que escribe se lo pondera, en cierto sentido, por los escritores que lo acompañan y con los que dialoga en su obra.  Son ellos los que contribuyen con su “escritura-síntoma” [12]a una interlocución que no se deja reducir a un psicoanálisis aplicado al arte.  Allí están Paul Auster, Claudel, Murakami, Lispector, Mishima, Barnes, Calvino, Tanizaki y también la poesía de Vallejo.

Llego ahora al corazón del libro, o al nudo que mantiene enlazada toda la producción.  Claro que se trata del nudo que mi lectura aisló.  Testimonio del encuentro con el libro a partir de lo que resuena en el cuerpo, y de los efectos que alcanzan la propia práctica.   Trauma, real, angustia, urgencia y duelo: modos de presencia en la clínica de aquello que hace agujero.  Y una respuesta ética que el psicoanálisis sostiene allí: el bien-decir.  “Decir bien la causa, decir bien lo que se puede decir, y situar bien lo imposible de decir por estructura”[13].

El duelo además, en su función de bisagra, abre la vía que lleva a la formación del analista, al franqueamiento del horror de saber que se articula a la inexistencia del Otro; y permite hacer un nuevo uso de la pieza suelta [14]de goce insocializable.  Para poder decir, como lo hace Pessoa: “Empiezo a conocerme.  No existo/ Soy el intervalo entre lo que deseo ser y los demás me hicieron/ o la mitad de ese intervalo, porque además hay vida…/Soy esto, en fin…” [15]. En ese punto de los desarrollos del texto, el analista aparece como desecho y como santo; y un afecto nuevo surge bajo la forma del entusiasmo.  Pero aún resta un paso más.  Para aproximarnos a ese paso voy a servirme de una referencia de Luis Tudanca en su libro “Una política del síntoma”: “(…)hace a la posición del analista, un poco santo, un poco no-todo, construir comunidad, una comunidad posible donde lo común, por el hecho de serlo, es irrecíproco (…) Lo irrecíproco (…) corresponde a lo que resta de síntoma en cada quien, que es con lo cual se hace comunidad.” [16]

Entonces, de lo social a lo imposible de colectivizar y retorno.  Se trata de que el analista “al menos 2” [17]planteado por Lacan, el que produce efectos y los teoriza; los haga pasar a la comunidad de analistas para que resuenen en algunos otros.  Eso también hace a una política del lazo, que se funda en una “ética de la cita”[18], de la referencia a aquellos de los que nos hemos servido.  Allí están Freud, Lacan, Miller.  Y también Laurent, Alemán, Germán García, P. Lacadée, Allouch, Guy Trobas. Así como otros representantes de otras disciplinas: Piglia, Grimson, F. Cheng, Benjamin, Agamben, Sibilia.

Pero esa ética de la cita, tomando a Lacan en su “Breve discurso a los psiquiatras” debe aspirar siempre en el horizonte a ese “pequeño o gran hallazgo” [19]que trasciende lo citado; y que sólo puede sostenerse en la libra de carne que hace a la enunciación de cada quien; y en lo irreductible del deseo, que como afirma Juan Mitre, “nos arraiga en el surco de nuestra existencia” [20].   En eso radica el estilo de una transmisión.  Y así se verifica en este caso.

Hasta aquí mi apuesta como Celestina.

A Juan Mitre, mi agradecimiento por la transferencia de trabajo que nos ha reunido alrededor de su libro.

A ustedes, lectores, sólo me resta decirles: vayan a esta cita, es un buen partido!

[1] Hesse, H.  (1930) Magia del libro.  En Escritos sobre Literatura 1.  Madrid: Alianza Editorial, 1983, pág. 253.

[2] Lacan, J. (1975) Cierre de las Jornadas de Estudio de Carteles de la Escuela Freudiana. En Revista Lacaniana de Psicoanálisis.  Año IX. Número 17.  Buenos Aires: Grama, 2014, pág. 18.

[3] Refiere aquí a: “En la vida hay que hacer tres cosas: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”.

[4] Esta expresión debe su origen al personaje central de LaCelestina(o en su origen Tragicomedia de Calisto y Melibea), de Fernando de Rojas.

[5] Brousse, M. H. (2012) El amor real es el amor sin piedad. Entrevista para La voz de Galicia. Disponible en: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2012/11/10/amor-real-amor-piedad/0003_201211G10P29991.htm

[6] Mitre, J. (2018) Desenlaces según Freud.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018, pág. 104.

[7] Mauro, R. (2018) Estética de una caída: Invención, tiempo y acto. En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018.

[8]Indart, J. C. (1998) Psicoanálisis y cortesía.  Trabajo presentado en la EOL, en el ciclo “Conferencias”, en junio de 1998.  Recuperado en: http://www.nel-amp.org/the_wannabe_08/tw/05/tw05_form.htm

[9] Freud, S. (1921) Psicología de las masas y análisis del yo.  Obras Completas, t XVIII, Buenos Aires: Amorrortu, 2007, pág. 67.

[10] Mitre, J. (2018) Para concluir.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018, pág. 155.

[11] Buschini, M. (2018) Una juegoteca, una experiencia de palabra.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018.

[12] El sintagma hace referencia a las ideas desarrolladas por G. Dessal en el texto Mi pequeña teoría, publicado en la Revista Enlaces N° 24, Buenos Aires: Gráfica Aler, 2018.

[13] Mitre, J.  (2018) Sobre la urgencia, la defensa y el bien decir.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama,2018, pág. 94.

[14] Miller, J. A. (2013) Bricolaje. En Piezas sueltas, Buenos Aires: Paidós, 2013.

[15] Pessoa, F.  Empiezo a conocerme.  No existo. Disponible en: https://www.poemas-del-alma.com/fernando-pessoa.htm (s.f)

[16] Tudanca, L. (2012) ¿Qué del psicoanalista en el siglo XXI? En Una política del síntoma, Buenos Aires: Grama, 2012, pág. 111.

[17] Lacan, J.  (1974-1975) El Seminario, Libro 22, R. S. I.  Clase del 10/12/1974.  Inédito. Traducción de Ricardo R. Ponte.

[18] Mitre, J. (2018)   Para concluir.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018, pág. 155.

[19] Lacan, J. (1967) “Petit discours aux psychiatres” (“Breve discurso a los psiquiatras”), en el Cercle Psychiatrique H. Ey, Sainte Anne, el 10 de Noviembre de 1967, Inédito. Traducción de Ricardo R. Ponte.

[20] Mitre, J. (2018) Sobre el lugar del analista en el siglo XXI: entre la lectura y la acción.  En El analista y lo social.  Buenos Aires: Grama, 2018, pág. 22.

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