25 de November de 2020

La dignidad del síntoma – Andrea V. Zelaya (EOL)

[1] Me he servido de las líneas de reflexión presentadas en el IX Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación…


[1] Me he servido de las líneas de reflexión presentadas en el IX Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, XXI Encuentro Internacional del Campo freudiano del año 2019 (ENAPOL), cuyo título fue “Odio, Cólera e Indignación. Desafíos para el psicoanálisis”, para continuar pensando sobre los efectos subjetivos en el momento actual. Se ha trabajado sobre la incidencia en la clínica de estos tres significantes que afectan al cuerpo del sujeto, pues el afecto es el modo en que el sujeto está en relación con el Otro, tanto en el efecto del significante sobre él, como el impacto, la afectación, en su cuerpo.

Eric Laurent [2]localiza y define las pasiones del objeto a en la articulación del Inconsciente con lo real del goce tal como las situó Lacan en el texto de televisión[3]. Allí donde “la verdad toca lo real”  Miller indica que  “…el efecto es el atolladero, el fracaso”[4] siendo este atolladero, fracaso, la marca como producto de lo que afecta al cuerpo en su dimensión viva, entonces dicha marca, es la emergencia contingente que transforma a un cuerpo y se efectúa desde aquí su incidencia subjetiva.

Propongo pensar que las pasiones podrían también ser el modo en que el sujeto se fuga frente a la angustia, ya que ésta conecta al sujeto con la pregunta fundamental acerca de su ex-sistencia, tal como lo plantea Lacan en el Seminario 20 : “..nada concentra más odio que ese decir donde se sitúa la ex-sistencia”[5]  El ser mantiene a distancia el odio como lo más ignorado por el sujeto, es decir, los medios de goce constitutivos, y los despoja de sí atribuyéndolos al Otro. La segregación de lo íntimo del sujeto lo mantiene a distancia de la angustia, alejado de lo más enigmático de sí mismo, a través del odio al Otro, la cólera, la indignación, la fuga, la evitación, la violencia, la agresión, la virtualidad de los lazos, con sus modos de manifestación endebles en el amor. Por supuesto que estas modalidades no están en el mismo nivel y tampoco afectan de igual manera a los sujetos ya que no se trata de espesores, mecanismos, pasiones ni modalidades similares. En el nivel del amor no se llega a recubrir el enigma que interpela al goce del propio sujeto. Los velos del amor y el saber enlazado al Otro no son más que un sueño, pues como lo indica en el Seminario 20 Lacan “El mundo, el mundo del ser pleno de saber, no es más que un sueño, un sueño del cuerpo en tanto que habla, porque no hay sujeto cognoscente“[6]. Tanto el saber como su reverso, la ignorancia, así como el neologismo nombrado como odioenamoramiento, pueden presentificar la angustia tanto en su juntura como en el intersticio entre el amor y el odio, siendo ella la señal de lo que se ignora.  El odio se segrega del sujeto y se le atribuye al Otro. Es en este sentido que Lacan plantea que Dios no conoce el odio pues lo ignora. La ignorancia aliada con el amor mantiene a distancia el odio.

Desde esta perspectiva podríamos preguntarnos si la cólera y la indignación podrían ser un modo de respuesta para preservarse respecto de la angustia.  Ella surge en el lugar donde hay un efecto de lo extraño, pues lo enigmático respecto de los modos de goce del sujeto es lo insoportable. La angustia es el afecto que introduce esa certeza, y que ahonda en un modo de gozar en el cuerpo.

El enigma es lo insoportable, es el malestar contemporáneo.  Hoy, reescribo este texto en el momento en que lo extraño, que ya estaba ahí, circula por el mundo, con la cara del horror, el COVID19, ingresó súbitamente de golpe[7], y es este huésped, parafraseando a Lacan, que su modo de habitar ha devenido hostil, lo vivimos con los trastornos que conllevó y conlleva, y que continuamos escribiendo y reflexionando. Es entre lo que fue y lo que vendrá, que se resignificará esta actualidad. Dicho esto, me remito a la definición sobre el sujeto contemporáneo que define Agamben: “es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad”[8] , con lo cual, cada sujeto tendrá que soportar su incertidumbre y enfrentar estos tiempos oscuros, en los cuales quizás se podría llegar a iluminar en sus consecuencias los efectos, como también soportar las opacidades en sus restos.

Este virus por su manera certera de intrusión en el mundo traspasó los límites que marcan las fronteras. Será otra de las pandemias que seguramente pasarán, pero no sin dejar una marca imborrable en cada uno, además de ahondar en los problemas sanitarios, sociales y económicos del mundo.  “Entonces, efectivamente el  COVID19 cavó un surco, un agujero en nuestra subjetividad, nuestros valores de los  sistemas que construimos, enfatizó el uso que nosotros mismos le hemos dado a la ley de los mercados comunes, y al uso de las propias redes tejidas por el capitalismo.”[9] Somos nosotros mismos nuestra propia pandemia, ya no universal, sino la de cada uno, por imponer nuestros propios intereses y endilgándolos al Otro.  El impacto que la angustia efectúa sobre el cuerpo conecta al sujeto con lo que ha sido desechado hacia el Otro, punto de real que la angustia señala y orienta.

Seguiremos pensando y trabajando, pues lo que vendrá podrá ser distinto al instaurar un nuevo tiempo, pero hoy, confinados y segregados del lazo del contacto de un cuerpo con otro, puede relanzar el planteo realizado por Lacan, en el seminario de la angustia, en el cual distingue en un mismo apartado, a la inhibición y a la cólera. La inhibición es la detención de una función, que podríamos localizar en los cuerpos, con la reorganización de nuestros parámetros simbólicos y la redistribución en la consistencia imaginaria y espacial de los mismos, allí nos dice que la causa de la intrusión de lo imaginario en lo simbólico, pone en evidencia a la impotencia en lugar de lo imposible, en lugar de un agujero. Hoy la impotencia toca a los cuerpos por el corte en la trama simbólica que instaura un agujero y hace imposible el contacto con el cuerpo del otro provocando un distanciamiento social. ¿No será acaso el imposible estructural, que hoy, se evidencia descarnadamente?, pues siempre, como lo plantea Lacan, solo tenemos frente a nosotros “la imagen virtual del a, como soporte del deseo en el fantasma.”[10] Estamos haciendo uso de la tecnología para favorecer nuestros lazos con el cuerpo del otro a través de la pantalla. Estamos haciendo uso de la tecnología para restablecer los lazos con el otro y no sólo para quedar consumidos por el aparatito que sustituiría al cuerpo del otro. Hoy, lo que empuja, tal como empuja lo pulsional, es para restablecer algo de la voz y la mirada. A la vez, y siguiendo la las líneas del planteo en ese capítulo por Lacan, podríamos pensar, que estamos asistiendo a la cita de un recubrimiento mediante una nueva superficie virtual en nuestra relación con el mundo. Hay una segregación de los cuerpos que se evidencia en el confinamiento, y vivenciamos una ampliación en el lazo virtual tecnológico que evidencia aún más, la impregnación de lo imaginario en lo simbólico, por la emergencia de la contingencia actual. Estamos transitando esta experiencia de la cual nos servimos durante un lapso de tiempo del modo virtual-presencial, para poder luego prescindir de él y hacer uso del “cuerpo presente”.

En la inhibición es el lugar de la detención en el cuerpo donde emerge la impotencia, mientras que  la cólera se trata de un máximo movimiento que lo agita. Esta agitación, pasión del cuerpo, es producto del efecto del lenguaje sobre él, definido por Lacan como “Pathema”[11]  y destacada por Germán García como “unidad mínima pasional”[12]. La cólera muestra un afecto que se suscita cuando: “…en el plano del Otro, del significante, …no se juega el juego.” [13].En un trabajo preparatorio hacia las Jornadas de la ECF, Miller nombró la cólera como un goce, una convulsión orgasmiforme[14], esta manera de nombrarla puede remitir al reverso de lo que implicaría la detención de una función en la inhibición. Cuando Miller evoca la fórmula que Lacan empleó para definir la cólera en  El Seminario 10 :”cuando las clavijas no encajan en los agujeritos”, explica que esta “ rodea el insulto, aparece en el momento en que, cuando surge a, -el ser del Otro en su abyección-, por más que recorra los significantes, estos no alcanzan para nombrarlo. Es lo que se nos presenta aquí, las clavijitas del significante no logran encajar en ese ´pequeño agujerito.” Por esta cuestión puede surgir un significante para nombrar el ser del Otro, “…el significante del Otro como objeto a “ ,  es en este movimiento que Miller define a la cólera como un “afecto de a” [15]

En el caso de la inhibición, se sustituye lo imposible por la impotencia y en el segundo caso, se encoleriza por lo que no encaja.  Cuando se tapona, se silencia lo más singular de la satisfacción, hay entonces sublevación e indignación. Tanto la inhibición con su detención como la cólera con su exaltación, provocarían en el cuerpo la huida de lo más digno del sujeto.  Desde esta perspectiva lo indigno es la detención de la pregunta por la causa, es lo que Lacan nombró a la altura del Seminario 10 como la inhibición en tanto “síntoma en el museo”[16].  Unos años después en La tercera[17] localizó a la angustia en el punto en el que por ella nos anoticiamos que tenemos un cuerpo, “de que nos reducimos a nuestro cuerpo”. Cuerpo cuyas marcas, huellas, están delineadas por las pulsiones, que al decir de Lacan “… son el eco en el cuerpo por el hecho de que hay un decir”  [18]. Se trata de dignificar ese decir, hacia un bien decir que sustituya al mal-decir, tanto en la cólera como en la indignación, pero que en tanto afectos que tocan el cuerpo, lo afecten al punto que se posibilite mediante el discurso analítico la localización de un real del goce en juego y abrir un espacio a lo singular.

La dignidad del síntoma implica hacer del uso de lo incurable en el cuerpo, aislar y alojar el modo de goce opaco que habita en él. Permite dar paso a las marcas de las palabras que impactaron y afectaron en el cuerpo, donde se materializó la propia ex–sistencia. La dimensión ética del análisis posibilita a través de la posición del analista, dignificar lo que queda de esas marcas singulares por medio de una invención vivificante.

 

[1] Texto publicado en la Revista virtual N°5 en el Dossier. Revista digital de la Sección Clínica de Madrid, Nucep (ISSN 2695-270X) www.puntodefugarevista.com.  Junio 2020.

[2] LAURENT, Eric Los objetos de la pasión, Buenos Aires ,Tres Haches, p. 74

[3] LACAN, J.  Otros Escritos. “Televisión”  (2012), Buenos Aires, Paidós, ps 535-572.

[4] MILLER, J-A, Matemas II “ A propósito de los afectos” , (1988) Buenos Aires, Manantial, ps. 147-160

[5] LACAN , J El Seminario, libro 20,  AUN ,(1975)  Buenos Aires , Paidós, , p 147.

[6] Ibidem, p. 152

[7] LACAN, J. El Seminario,  libro 10, La angustia, (1962-1963) Buenos Aires, Paidós. 2006, p 86

[8] AGAMBEN, G.  Qu´est-ce que le contemporain? Ëditions Payrot – Rivages .2008 p19

[9] ZELAYA, A. ¿Traumavirus? Texto publicado en el blog Zadig Argentina, 27 de marzo de 2020.

[10] LACAN, J. El Seminario,  libro 10, La angustia, (1962-1963) Buenos Aires, Paidós. 2006, p 51

[11] LACAN,  J. Seminario R.S.I., 22, (1974-1975) Texto establecido por J-A Miller en Ornicar 3, clase del 21 de enero de 1975, p.37

[12] GARCÍA , G.  “La clínica y el lenguaje de las pasiones” (1999) Seminario dictado en el Centro Descartes inédito.

[13] Ibidem, p 23

[14] BRODSKY, G. Pasiones Lacanianas. “Cólera y sexuación”  Buenos Aires, Grama ediciones. 2019, p 144

[15] MILLER , J-A. El Banquete de los analistas. Los cursos psicoanalíticos de Jacques- Alain Miller  (1989-1990) Buenos Aires, Paidós. 2000, p. 107

[16] LACAN, J. El Seminario, libro 10, La Angustia, op.cit. , p 18

[17] LACAN, J. Intervenciones y textos 2 . “ La Tercera”, (1957) Manantial, Buenos Aires, 1988, p. 102

[18] LACAN, J. , El seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires. 2008, p 18

 

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