25 de November de 2020

LACAN COTIDIANO, por Éric Laurent, Laura Sokolowsky, Hélène Bonnaud, Marie-Noëlle Faucher.

La carta ganadora y lo Uno por Éric Laurent La carta ganadora [L’atout] Trump decididamente enloquece los contadores de los evaluadores….


La carta ganadora y lo Uno
por Éric Laurent

La carta ganadora [L’atout]
Trump decididamente enloquece los contadores de los evaluadores.
Primero, ha enloquecido a las encuestas. Aun el prodigio de las
estadísticas políticas, Nate Silver, el 8 de noviembre en su site
FiveThirtyEight, daba a Hillary Clinton ganadora por un 71,4 %.  En el
curso de la noche, y a medida que los resultados llegaban, será sin
embargo él quien primero predijo la victoria de Trump. Ésta también
enloqueció a los fact-checkers, centinelas de la exactitud,
prefiriendo a lo largo de la campaña y después, las declaraciones más
absurdas. Su repetición y la constatación de que era en vano recordar
los hechos ha conducido a los medios de comunicación a hablar de nuestra
entrada en un época de “post-verdad”.
Trump y lo contable

Logró lo que nadie encuentra en el monto de sus deudas y de su fortuna
al no publicar su declaración de impuestos. Más aun, se las arregló para
burlar la maravilla de las maravillas, el sistema hiperexperto, el
último algoritmo de cálculo político, llamado “Ada”, presentado con gran
pompa a los medios de comunicación el 8 de noviembre por el equipo
Clinton. Ada fue llamada así en honor de Ada Byron, condesa de Lovelace,
hija de Lord Byron y matemática emérita como su madre; ella fue
colaboradora de Charles Babbage, inventor hacia 1850 de una calculadora,
que propuso usar tarjetas perforadas con un mecanismo cercano al de los
telares Jacquard.

El algoritmo clintoniano, ejecutó 400.000 simulaciones por día,
integrando todos los datos posibles en tiempo real. Decidía todo “en
dónde desplegar los recursos y las publicidades, qué enviar a JayZ y
Beyoncé, y aun a Hillary Clinton misma” (1). Sin embargo Ada detectó muy
tarde la importancia de los condados rurales en los swing states.
No previó lo que había percibido Michael Moore desde el mes de junio.
Wisconsin, estado industrial que desde siempre había votado demócrata y
que había votado por Sanders, no había tenido la visita de Hillary. En
el último minuto los votantes se inclinaron hacia Trump. 40.000 personas
que habían votado por Obama, votaron por Trump. En Míchigan, la
candidata ecologista Jill Stein pidió el recuento de los votos. Hillary
perdió Míchigan por 10.704 votos, según el conteo actual. Podría ser
interesante, pero el recuento tiene pocas posibilidades de que conduzca a
un cambio del resultado final, según las últimas apreciaciones.

Desde el punto de vista de las cifras resulta difícil saber lo que
verdaderamente sucedió. Hillary finalmente ganó por 2.2 millones de
votos más que su adversario. Es una victoria más neta que las de Kennedy
en 1960 y de Nixon en 1972. Pero 2% de los votantes es poco en cifras
de participación globalmente estables. Esta estabilidad no se vio
afectada en 2008, en la primera elección de Obama en plena crisis
económica, cuando por entonces la angustia de McCain ante las medidas
económicas a tomar era evidente para todos. En efecto, los demócratas
han perdido dos millones de votos en cuatro años mientras que los votos
republicanos han permanecido globalmente estables. En las grandes
megalópolis estadounidenses y en sus suburbios, los demócratas han
reforzado su presencia. El ejemplo tipo de esto es Orange County, gran
suburbio de Los Ángeles, que anteriormente votaba por Reagan. Por el
contrario, todos los swing states se perdieron, Trump ganó por media cabeza, en muchos casos por menos de la mayoría absoluta. Un redactor en jefe de la revista The Atlantic
pudo escribir en un tweet: “Si no fuera por el colegio electoral la
historia de esta elección sería: Trump es tan impopular que Clinton le
ganó con dos millones de votos menos que Obama en el 2012”. (2)

Trump y el superyó

El desafío está a nivel del storytelling de la elección y no de
lo contable. ¿Cuál es verdaderamente el relato que ésta engendra? Ante
la evidencia del número de votos de Hillary, Trump no se queda sin
recursos, y habla de inmigrantes fraudulentamente inscritos en las
listas electorales o aun de muertos que han votado. Sus electores
cuentan con él para continuar a hacer fábulas. En inglés «to trump up things» quiere decir inventar cualquier cosa y Trump se ha hecho un nombre al respecto. Como lo ha notado Alice Delarue en  Lacan Quotidien
610, él habla la “hipérbole verídica” a través de la cual enuncia lo
que sus auditores quieren escuchar. Sus verdades son a menudo de odio,
sexistas, racistas, islamofóbicas, en resumen “deplorables” como lo dijo
Hillary.

¿Cómo calificar la posición de enunciación en la cual se ubica Trump?
¿Es un tirano autoritario, un perverso manipulador narcisista, un niño
hiperactivo caprichoso? ¿O simplemente un político centrista liberal
ordinario, camuflado en chistes verdes, indignantes y en burradas, tal
como lo pensó Zizek (3) en abril último? En cualquier caso, esta es una
oportunidad para poner de relieve cuánta dificultad hay para ser
escuchada la definición de superyó de Lacan como empuje-a-gozar.
Para Marcel Gauchet, la elección de Trump prueba que “asistimos a la
desaparición del superyó que encuadraba la vida política en las
democracias occidentales, tanto del lado de los candidatos como el de
los electores. La vida democrática ha perdido toda obligación de
respetabilidad” (4). Queda por escribir “Los empujes-a-gozar del general Trump” (5) para intentar poner las cosas de pie. 

Trump y lo peor

Zizek, que en abril veía a Trump como un político ordinario, en
noviembre lo ve más bien como una figura de lo peor “por el giro
derechista y la descomposición moral en que incurre”. Pero para él
Hillary es de otra guisa, de la del superyó que impide el cambio y por
tanto la esperanza. “Uno se imagina fácilmente, si Hillary hubiera
ganado, el alivio de la élite liberal […]. La victoria de Hillary
habría sido la victoria del statu quo, ensombrecida por la perspectiva de una nueva guerra mundial (ella es en definitiva la demócrata belicosa tipo), statu quo
de una situación en la que, sin embargo, nos hundimos, poco a poco,
pero que seguramente, es de innumerables catástrofes, ecológicas,
económicas, humanitarias, etc.” (6). Para Zizek, la política de lo peor
tiene finalmente lados buenos puesto que “allí donde hay un peligro,
crece también lo que salva” y Trump puede encarnar la esperanza de un
shock saludable para despertar. No es seguro que el alejamiento de “la
perspectiva de una nueva guerra mundial” esté mejor asegurada que por
aquel que se rodea de belicistas y que quiere nombrar Secretario de
Defensa al general James “Mad dog” Mattis. No hablemos de sus llamadas
primeras a los presidentes de Uzbekistán, de Pakistán y de Taiwán. Por
otra parte, la negación del cambio climático presentada como banderola,
presagia remedios de mal agüero a la catástrofe ecológica en curso.

Los dos modos del empuje-a-gozar

La pareja Hillary-Trump da carne a dos modos de un empuje-a-gozar. Según
Zizek, el orden contemporáneo, del cual Hillary se hace guardiana, es
el resultado de la descomposición de lo Uno del mundo garantizado por el
Nombre-del-Padre. Los nuevos derechos cívicos conquistados por las
minorías LGTB no son sino la pluralización de los derechos al goce en un
orden nihilista post-patriarcal donde “ningún marco de vida digno de
este nombre nos permite ya acceder a una existencia que no sea una
simple reproducción hedonista”. La idea de que el goce sea hedonista es
curiosa a menos de que se reduzca a nada la diferencia entre “principio
del placer” y “más allá del principio del placer”. Esta “reproducción
hedonista” sin límite es puesta del lado femenino. El hedonismo sin
fronteras permite no poner en su justo lugar el carácter sin límites del
goce tal, como está inscrito del lado de la sexuación femenina. Las
mujeres se reencuentran del lado principio del placer. No están del lado
de la angustia, sino de la ley. En una gran escisión con Lacan, Zizek
considera que las figuras del empuje-a-gozar contemporáneas son aquellas
de la pareja formada por el hombre adolescente asocial y la mujer
“responsable”. “La imagen paradigmática que transmiten cotidianamente
nuestras instituciones de seguridad es la de una mujer profesora/juez o
psicóloga que se ocupa de un hombre joven, delincuente, inmaduro y
asocial […]. Una nueva figura de lo Uno está a punto de imponerse, [la
de una mujer como] la de un agente de poder competitivo y frío,
seductor y manipulador.” (8).

No llega Zizek a la idea de sospechar que esta nueva figura femenina es
más cercana de una madre que de una mujer. Esta invención por el
capitalismo contemporáneo de “su propia imagen ideal de la mujer” es de
hecho un remake de la “mujer mistificada” de Betty Friedan, cuyo libro aparecido en 1963 tiene en efecto por título en inglés The Feminine Mystique.
La nueva asignación mística femenina convocaría a las mujeres a
dedicarse a moderar lo ilimitado del goce lado masculino, que se produce
cuando el sujeto no tiene más el apoyo del Nombre-del-Padre y su
promesa de “goce-sentido” (9) fálico. Lo ilimitado del empuje-a-gozar
masculino, es la ruptura con el falo entendido en este sentido. La mujer
de la nueva mística no es aquella que se dedica a su hogar; es aquella
que se reduce a los cuidados maternales y encarna la ley, como las
pioneras puritanas que tanto han marcado el imaginario estadounidense.
Ante esta figura de la soccer mom manipuladora, se cruza la angustia ante el superyó maternal y ante las mujeres fálicas.

Pluralizar el superyó, separarlo del encuentro con una mujer

Según Zizek, “Trump, el eterno adolescente, un gozón irresponsable
propenso a actos violentos que pueden jugarle una mala pasada, en tanto
Hillary es el nuevo Uno femenino, una formidable manipuladora, siempre
bajo control, que no cesa de explotar su feminidad para posar como la
única capaz de hacerse cargo de los marginados y de las víctimas; su
feminidad hace la manipulación aun más eficaz” (10).

Una vez más la carta ganadora Trump enloquece, me parece, a esta
invención de Zizek del nuevo Uno del goce. Se ganaría más bien al
separar el superyó maternal, el empuje-a-gozar femenino ilimitado de la surmoitié
(11) y la posición femenina como tal. El desafío del encuentro con la
Nueva Eva no ha de temer a las “formidables manipuladoras”, sino saber
deshacerse de la angustia ante las nuevas figuras de la emancipación de
las mujeres. La igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el colapso
del sistema machista da lugar a terrores nuevos y pone al día angustias
despertadas de castración. La figura del adolescente gozón es una
pantomima del goce sin límite, una imitación mimética, como aquella del
drogadicto que quiere liberarse de la caída fálica. Muy rápido, puede
transformarse en agente manipulador de un sadismo sin límites. El
adolescente gozón se convierte en el padre Fouttard, el imposible padre
Ubu, con su pompa a phynances y su máquina para lavar el cerebro (12). Va más allá de la angustia de castración.

El verdadero desafío es poder descifrar el enigma que hace que a pesar
de la igualdad de los derechos, una mujer permanezca radicalmente como
Otro para un hombre. Es entonces cuando ella puede ser sinthome
y no superyó infernal y mortífero. El goce según Lacan no está
decididamente del lado del hedonismo. Se separa entre, de una parte, lo
que es el goce más allá del límite fálico, aquella de la Gidouille (13),
y de otra parte, eso ilimitado que se civiliza por su inscripción del
lado femenino de la sexuación. No hay lo contable para eso, sea la que
sea la forma de lo Uno que se considere.

5 de diciembre del 2016.

Traducción de Juan Fernando Pérez.

Texto originalmente publicado en LQ Nº 615 del 7 de diciembre del 2016, difundido en http://www.lacanquotidien.fr/blog/wp-content/uploads/2016/12/LQ-615.pdf

 
Notas:
  1. Lesnes C., « Les démocrates américains en plein doute », Le Monde, 11 novembre 2016.

  2. Se
    encuentra esta cita y todas las cifras, en el claro análisis de Thomas
    Cantaloube, « Comment Donald Trump a remporté la Maison Blanche », Mediapart, 17 novembre 2016.

  3. Cf. Browne M., « Slavoj Zizek: “Trump is really a centrist liberal” », The Guardian, 28 avril 2016.

  4. Gauchet M., « Nous assistons à la disparition du surmoi en politique », Le Point, 18 novembre 2016.
  5. Cf. Miller G., Les Pousse-au-jouir du Maréchal Pétain, Paris, Seuil, 1975, éd. revue et augmentée 2004.
ff
  6. Zizek S., « États-Unis : “la chance d’une gauche plus radicale” », Le Monde, 11 novembre 2016.

  7. Ibid.

  8. Ibid.

  9. Lacan J., « … ou pire. Compte rendu du Séminaire 1971-1972 », Autres écrits, Paris, Seuil., 2001, p. 551.
[Edición en español de Otros escritos, Paidós, Bs. As., 2012. p. 578]
  10. Zizek S., «États-Unis : “la chance d’une gauche plus radicale” », op. cit.
  11. N. del T.: La palabra surmoitié es un neologismo de Lacan, presente en “El atolondradicho” (Otros escritos, Paidós, p. 492). Es una condensación de surmoi, superyó y de moitié, palabra ésta que a su vez está formada parcialmente por “moi” (yo) y significa mitad. Surmoitié fue traducida en Otros escritos
    como “superyómitad”. Este término lacaniano ha sido examinado por Eric
    Laurent en diferentes momentos. Según nuestra información, primero lo
    examinó en su seminario de 1993 Posiciones femeninas del ser
    (editado en español en un libro del mismo nombre, por Tres Haches,
    Buenos Aires, 1999), en especial en el capítulo VII, “El superyó
    femenino”; el comentario sobre la surmoitié figura entre las
    páginas 105 y 109, y más adelante, en la p. 118, hace nuevas precisiones
    al respecto. Luego, reconsidera el párrafo de “El atolondradicho” en un
    artículo también llamado “Posiciones femeninas del ser” (que es un
    artículo que, sin embargo, no figura en el libro citado, de igual
    título). Este artículo (publicado en francés en Quarto No. 90, juin 2007, pp. 28-33) fue editado en español en el libro El goce sin rostro,
    Tres Haches, Buenos Aires, 2010. pp. 164-177. De lo destacado por
    Laurent conviene recordar al menos lo siguiente: además del superyó, con
    esta palabra Lacan alude a la otra mitad del hombre y en ese
    sentido menciona a Tiresias en su referencia de “El atolondradicho”, por
    “haber hecho de Otro” (según expresión de Lacan, subrayada por
    Laurent), esto es, en tanto conocía el lado hombre y el lado mujer, dado
    que fue transformado en mujer y vivió como tal durante siete años, lo
    cual hizo, por ejemplo, que fuera escogido como árbitro por los dioses
    en la querella acerca de la sexualidad sobre quién sentía más placer, si
    los hombres o las mujeres. Lacan también alude en ese pasaje de “El
    atolondradicho” a que la verdad solo puede decirse a medias (mi-dire).
    Adicionalmente conviene tener en cuenta a propósito de la crítica que
    Laurent le hace aquí a Zizek, que Laurent había desarrollado la
    diferencia que hace Lacan entre superyó maternal y superyó femenino,
    destacando a propósito de la surmoitié: “El superyó empuja al crimen, y en eso la voz de la surmoitié,
    es el verdadero superyó. No el superyó materno, que realmente no es el
    más terrible, sino el superyó femenino en tanto empuja al crimen
    particular (…)”. op. cit. p. 170. A partir de lo anterior, entre otros
    hechos, es imposible no evocar a Lady Macbeth, a Salomé o a otras
    figuras femeninas emblemáticas de ese empuje superyoico, figuras
    ciertamente muy distantes de Hillary Clinton.
  12. N. del T.: La frase “El adolescente gozón se convierte en el padre Fouttard, el imposible padre Ubu, con su pompa a phynances
    y su máquina para lavar el cerebro”, es una referencia a las figuras,
    expresiones, términos e imágenes creadas por Alfred Jarry  en su obra Ubu rey,
    obra estrenada en 1896 en París y la cual influyó e influye aun
    profundamente en las concepciones literarias y teatrales francesas.
  13. N.
    del T.: La Gidouille es un término del teatro de Alfred Jarry con el
    cual se refiere al vientre del Padre Ubu, y el cual, en sus
    características grotescas y picarescas, juega un rol principal en la
    obra. 


     
     
    Totalitarismo y psicoanálisis 
    Pequeño viaje al país de la Alemania Nazi
    por Laura Sokolowsky
    En Junio de 1933, Freud escribía: “El mundo se transforma en una enorme prisión. Alemania es la peor de sus celdas. Lo que pasará aquí en la celda austriaca es incierto. Auguro una sorpresa paradójica en Alemania. Ellos comenzaron con el bolchevismo como su enemigo moral, y terminaron en algo que no se diferenciará – excepto que el bolchevismo, después de todo, ha adoptado los ideales revolucionarios mientras que los del hitlerismo son puramente medievales y reaccionarios. Me parece que este mundo ha perdido su vitalidad y ha sido condenado a su perdición” (1).

    A
    sus setenta y siete años, Freud había resistido cinco intervenciones
    quirúrgicas, el año precedente, y no temía gran cosa en su vida. Lo que
    le preocupaba era el futuro del psicoanálisis en la civilización.

    ¿El psicoanálisis podía escapar a la destrucción de las estructuras
    democráticas? Definirlo como una ciencia que no debía mezclarse con la
    política, es así como Jones lo preconizaba, sin embargo, no era una
    buena opción. Los nazis desarrollaban su pseudociencia del hombre alemán
    y el régimen nacionalsocialista se bañaba en una extraña atmósfera de
    cientificidad. Esta ideología totalitaria reposaba en una lógica de
    exclusión que provenía de la noción de raza que el discurso científico
    había contribuido con su producción. Debido a que la ciencia no era
    reductible a la biología hereditaria, la psicología debía también
    ponerse al servicio del redireccionamiento y la expansión del pueblo
    alemán. Los terapeutas debían poner sus competencias al servicio de la
    nación para preparar los espíritus a la guerra. Como los nazis creían en
    la técnica, los altos dignatarios se interesaron en el campo de la
    psicología laboral, conductual-ofensiva y del mando.

    En abril de 1933, Krestschmer renunció a la presidencia de la Sociedad
    General de Medicina Psicoterapéutica. Jung, su vicepresidente desde el
    año de 1930, retomo la presidencia en el mes de Junio. Por otro lado,
    los psicoterapéutas alemanes escogerían al profesor Matthias Göring,
    psiquiatra hostil al enfoque freudiano sobre la sexualidad infantil,
    como Führer. Matthias Göring era el decano de la rama más
    antigua de la familia Göring de Westphalie, de la que el primo Hermann,
    descendía del segundo personaje político del IIIer Reich. De
    hecho, el sentimentalismo familiar de Hermann Göring se desarrolló en la
    medida en que se extendía su poder. Como él protegía a sus parientes,
    sus vínculos de parentalidad iban a abrirles las puertas, de tres
    ministros bávaros, de Cultura, de Educación y del Interior, a los
    psicoterapéutas que estaban alrededor de Matthias Göring. El 15 de
    Septiembre de 1933, estos crearon una nueva sección alemana de su
    sociedad bajo el nombre de Deutsche allgemeine ärztliche Gesellschaft
    für Psychotherapie (DAÄGP). En el otoño de 1933, existían así dos
    sociedades de psicoterapia alemana. Jung era el presidente de la sección
    internacional, la Sociedad general alemana de psicoterapia. La lectura
    profunda de Mein Kampf fue puesta en el programa por el doctor Göring de
    dicha sociedad con el fin de hacer de esta obra la base del trabajo de
    los futuros psicoterapéutas. Este personaje guía e intocable fue
    seleccionado estratégicamente para defender y promover la psicoterapia
    bajo el IIIer Reich. Como otros psicoterapéutas en la misma
    época, Matthias Göring tenía el deseo de agrupar en una sola corriente
    las diferentes tendencias psicoterapéuticas. Él estimaba que las
    disputas entre las diferentes escuelas de psicoterapia y psicoanálisis
    provocaban conflictos inútiles que retardarían – o impedirían –  el
    reconocimiento de la psicoterapia por el cuerpo médico de la época.
    Desde la mitad de los años de 1920, los psicoterapéutas buscaban reducir
    las diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia con el objetivo de
    presentar un frente unido frente a la psiquiatría universitaria de las
    enfermedades del cerebro y del sistema nervioso. En estos
    psicoterapeéutas, la unificación y la simplificación eran, en
    consecuencia, un mandato frente al advenimiento del nacionalsocialismo.
    Los slogans del nuevo régimen les llegaban como un guante y reforzarían
    sus ambiciones de deshacerse del psicoanálisis.

    En el transcurso del verano de 1933, el médico de referencia de la
    Oficina de Políticas raciales del partido nacionalsocialista, Martin
    Staemmler, publicó un artículo con el tema del judaísmo en la medicina
    en el que figuraba el siguiente anatema: “El psicoanálisis freudiano
    constituye un ejemplo típico de la desarmonía interna de la vida y del
    alma entre judíos y alemanes […] debemos tener el valor de rechazar
    estas interpretaciones del alma alemana y de decir a estos señores del
    medio de Freud que ellos sólo pueden dedicarse a sus experimentos
    psicológicos con un material humano que pertenezca a su raza” (2).

    Según este personaje, los peores aliados de las fuerzas del mal eran los
    defensores de la homosexualidad y todos aquellos que atacaban los
    valores de la virginidad femenina y de la familia monógama. Un sexólogo
    como Magnus Hirschfeld, quien defendía la idea del carácter innato de la
    homosexualidad y reclamaba la abolición del parágrafo del código penal
    que condenaba a los homosexuales, entrañaría seguramente la
    representación de la destrucción de la familia alemana. Lo que se le
    reprochaba a este tipo de reformadores peligrosos, era de incitar a los
    alemanes a limitar los nacimientos mientras que los nazis querían luchar
    contra el retroceso de la natalidad. Hirschfeld, quien había
    participado en la creación de la primera asociación psicoanalítica
    berlinesa en 1908 con Karl Abraham, había fundado el Instituto de
    Investigación Sexual en 1919. El 6 de Mayo de 1933, su instituto
    localizado en Berlín, fue cerrado por los nazis. Los libros de su
    biblioteca fueron quemados con los de Freud, en la plaza de la ópera,
    cuatro días más tarde. Como en otros campos, los nazis procedieron con
    la limpieza del vocabulario. “Ahora que los libros de Freud han sido
    quemados, debemos eliminar, por ejemplo, la palabra “psicoanálisis”, de
    la misma manera que la palabra “psicología individual” que podría ser
    reemplazada por “ciencia aplicada del carácter”, escribía Matthias
    Göring al neurólogo nazi Walter Cimbal durante el verano de 1933 (3).

    Al cabo de unas semanas, Alemania se hundía en el caos. Cuando von
    Hattingberg, antiguo miembro de la asociación vienesa de psicoanálisis
    de quien siempre se desconfió, fue nombrado en la universidad de Berlín,
    Freud se salió de sus casillas: “Un noble, un ario, un bufón, un
    imbécil y un tipo sucio, tiene entonces todos los puntos de vista del
    hombre necesario para ese puesto” (4).

    En efecto, la promoción de von Hattingberg al rango de profesor de
    psicoterapia era un muy mal augurio. Este hacía parte de un grupo de
    psicoterapeutas que tenían el apoyo de los nazis y se esforzarían por
    extirpar el psicoanálisis freudiano de los carriles de su pretendida
    ortodoxia. Esta nominación fue uno de los primeros signos del
    hundimiento del psicoanálisis  por una nueva forma de psicoterapia: la
    medicina alemana del alma (Deutsche Seelenheilkunde).

    Al decir verdad, el psicoanálisis no fue formalmente prohibido en la
    Alemania nazi: el psicoanálisis fue desjudaizado. Esta segregación no
    podía producir los mismos efectos que una prohibición, ya que debía
    permitir a los analistas “cristianos de pura cepa alemana” desplazarse
    bajo el báculo de los psicoterapéutas arios. Una distancia tal entre la
    prohibición y la purificación racial del psicoanálisis en Alemania
    constituía un factor decisivo. Esto autorizó a los psicoterapéutas nazis
    poner sus manos en el Instituto de Psicoanálisis de Berlín que ellos
    celaban desde hace años. Este instituto y su política suscitaron no
    solamente la codicia, sino también un proyecto grandioso. Una vez
    arianizado, a partir de su instrumento principal de difusión, sería
    posible eliminar el nombre de Freud y no hablar más de la sexualidad o
    del complejo de Edipo. Era sobre todo la independencia del psicoanálisis
    lo que resultaba siendo un problema, de aquí la idea perniciosa de
    tenderle la mano a los analistas arios del Instituto de Berlín. Si él
    desconfiaba de los freudianos, Matthias Göring no deseaba poner a nadie
    de lado: “Absolutamente es necesario que demos a los viejos
    psicoanalistas la ocasión de decir si pueden aportar algo al nuevo
    Estado”, precisaba él en Septiembre de 1933 (5).

    En el mes de Diciembre del mismo año, el doctor Kündel, neurólogo
    berlinés, dirigió al profesor Göring un memorando  en el que indicaba
    que el reagrupamiento de las diferentes escuelas estaba en marcha, que
    los junguianos, la escuela de caracterología aplicada y aquella del
    tratamiento autógeno de Schultz no pondrían ningún problema. El
    verdadero niño problema era el psicoanálisis. Había que hacer que los
    psicoanalistas renunciaran a su espléndido aislamiento volviendo porosos
    los límites entre la orientación freudiana y las otras escuelas.

    En el momento en que los psicoterapeutas que lo rodeaban buscaban los
    medios de extender sus acciones, Matthias Göring fue avergonzado por el
    hecho de retomar la dirección del prestigioso Instituto de Berlín. Boehm
    y Müller-Brauschweig, quienes codirigían el Instituto de Psicoanálisis
    desde la partida de Max Eitingon a Palestina, se encontrarían con
    Matthias Göring en presencia del doctor Herbert Linden, consejero
    ministerial para la eugenesia y la raza en el Ministerio del Interior.
    Este psiquiatra, quien iba a participar activamente en el programa T4 de
    erradicación de enfermos mentales, les hará la sugerencia de trabajar
    juntos con el objetivo de crear un nuevo instituto que recibiría a las
    diversas ramas de la psicoterapia.

    Fundado el 14 de Junio de 1936, el Instituto alemán de psicoterapia y de
    investigación psicológica, más conocido como el Instituto Göring, debía
    encargarse de las tareas de investigación, educación y gestión de la
    policlínica para las personas sin recursos económicos. Los
    representantes de tres asociaciones participaron en su creación: la
    sociedad psicoanalítica alemana, la sociedad C.G. Jung y el círculo de
    trabajo de investigación aplicada sobre el carácter. Estas tres
    asociaciones tenían el estatus de grupos de trabajo. Hasta que en abril
    de 1937, el Instituto Göring fue ubicado en los locales utilizados desde
    1928 por la policlínica psicoanalítica. El programa del Instituto
    Göring se inspiraba, de hecho con una total falta de imaginación, de
    aquel que fue elaborado anteriormente por Eitingon y su equipo.

    Este ejemplo muestra la forma en que el totalitarismo rechaza el
    psicoanálisis y la falla entre saber y verdad que esta disciplina
    introduce en el mundo. Este sistema político quiere fabricar el Uno
    respondiendo a la llamada de las “potencias sombrías del Superyó”, así
    como Lacan lo explicó en 1947 (6). La conquista de la unidad y la
    exaltación suscitada por la indivisión del pueblo organizado detrás de
    su guía suprema fueron los eslóganes difamados por la extrema derecha
    alemana de este periodo. La experiencia freudiana debía ser erradicada
    cueste lo que cueste para el provecho de las técnicas
    hitlerocompatibles. Se trataba entonces de obrar con la supresión
    autoritaria de la vida sin valor (unwertes Leben) por medio de la adhesión al proyecto nazi de ingeniería social y la elaboración de un orden social artificial (7).

    Traducido por Julián Lasprilla.


    Notas:

    1. Sigmund Freud à Marie Bonaparte, lettre du 10 juin 1933, Ernest Jones, La Vie de Sigmund Freud, t. III, Les dernières années 1919-1939, Paris, PUF, 2006, p. 208.
    2. Martin Staemmler, « Le judaïsme dans la médecine » (1933), Karen Brecht & al., Ici, la vie continue d’une manière fort surprenante…, Contribution à l’Histoire de la Psychanalyse en Allemagne, établie par Mijolla (de) A. & Renz V., Paris, Association internationale de psychanalyse, Paris, 1987.
    3. M.H. Göring à W. Cimbal, lettre du 6 août 1933, ibid., p. 243.
    4. Freud à Jones, lettre 615 du 23 juillet 1933, Sigmund Freud – Ernest Jones, Correspondance complète (1908-1939), Paris, PUF, 1998, p. 828.
    5. M.H. Göring à W. Cimbal, lettre du 6 septembre 1933, Karen Brecht & al, Ici, la vie continue d’une manière fort surprenante…, op. cit, p. 246.
    6. Jacques Lacan, Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 120.
    7. Zygmunt Bauman, Modernité et Holocauste, Paris, Complexe, 2008, p. 115-117.

     

     

    Don de esperma a domicilio
    Una familia para todos

    La crónica de Hélène Bonnaud

     

    Mientras que el debate político está seriamente comprometido respecto a las cuestiones de procreación, recordándonos hasta qué punto las nuevas formas de devenir padres suscitan temores y pasiones, nada frena el progreso que consiste en separar el cuerpo de sus producciones para hacer un uso útil en la resolución de los problemas de infertilidad.

    La
    ciencia permite responder a esta demanda de hijo incoercible que parece
    hoy en día manifestarse como uno de los más alegres síntomas de la
    feminidad de la que Freud había indicado en su época hasta qué punto era
    “normal”.
    ¡Tener un hijo es la vía más banal de respuesta femenina a la castración! No hay nada nuevo ahí.
    Sin
    embargo, si en la época de Freud, el matrimonio era más o menos la
    solución para una mujer de pasar del padre al marido sin parpadear – las
    familias sabían arreglárselas para encontrar el buen partido para sus
    hijas – ahora, encontrar un hombre a su medida no es evidente, como si
    la elección amorosa, para algunas mujeres, tomara la forma de un camino
    tormentoso y desafortunado. Pareciera que entre más se multiplican los
    sitios de citas más el encuentro amoroso se sesga o falla. Ya nada es
    seguro en la materia y la angustia de no devenir madre se vuelve un
    síntoma mayor en las consultas a los ginecólogos y también a los
    psicoanalistas. El síntoma se dice entonces con todo lo que moviliza ese
    hecho, según si el acento recae del lado del fracaso de encontrar un
    hombre que quiera construir una familia o si se pone sobre la
    desesperanza de consentir vivir con un hombre bajo el pretexto de que él
    será el padre de sus hijos. Cierto, la idea de pasar más allá de la
    versión adaptada, que consiste en hacer de un hombre el falo procreador
    de hijos, exige un paso suplementario que algunas mujeres están
    dispuestas a dar.
    Entonces,
    la ciencia llega en el momento oportuno para responder a esas
    interrogaciones de las mujeres y a ofrecer respuestas adaptadas a casi
    todas las situaciones. Las técnicas de reproducción asistida están en
    medida de satisfacer ese mal de hijo doloroso y obsesivo, ese deseo de
    hijo tan constante en nuestra sociedad donde la feminidad ha erigido la
    maternidad como un derecho para todas, volviéndose un para todos
    generalizado. Se puede ser madre prescindiendo de un hombre conservando
    su precioso producto: un milagro de la ciencia. El don de esperma hace
    esto perfectamente posible y desde ahora, accesible a todas.
    El negocio de la fertilidad
    Es
    bajo un título un tanto peyorativo, “El negocio de la fertilidad” (1)
    que un reciente programa de Antena2 (2) nos inmerge en la realidad de la
    puesta en línea de la venta de espermatozoides congelados para mujeres en mal de hijo. Así, la cuestión de la paternidad es reducida al aporte de un espermatozoide.
    Reconozcamos
    que los cónyuges o compañeros puedan preocuparse de que en la
    paternidad, si esta no se confunde con el hecho de engendrar bebés,
    sigue siendo una exigencia, para muchos de ellos, reconocer en el futuro
    bebé el resultado de su propia semilla.
    Asegurarse
    que el hijo es el suyo es una constante en el sentimiento de
    reconocimiento de un padre hacia su hijo. La seguridad, la garantía de
    una filiación ha sido siempre un principio del proceder paterno. Sin
    embargo, para algunos, la paternidad no está fundada en este imperativo
    absoluto y para ellos la idea de ser padres de uno o varios niños que no
    son biológicamente los suyos, no obstaculiza el sentimiento de
    paternidad. El título ”padrastro” en esos casos, viene a nombrar esas
    paternidades de construcción familiar bis y han mostrado la importancia del amor y la presencia de un padre escabeau
    para esos hijos. No es raro escuchar en las entrevista decir: “lo
    considero como mi padre”. Esta pequeña frase nos indica que ser padre
    excede la cuestión del reconocimiento biológico. El padre es quien da
    mucho más que una muestra de esperma. Es el que otorga y garantiza al
    niño su protección. La palabra y el lazo que teje responden al argumento
    de la paternidad simbólica.
    La envoltura de un objeto real
    Como
    lo expone el reportaje, en Gran Bretaña, las mujeres en carencia de
    hijos pueden pedir en un clic, una muestra de esperma lo que solucionará
    ese “mal de hijo”. Sólo necesitan encargar por internet, desde su sofá,
    desplegado en un catálogo que ofrece un menú con diversos ítems
    posibles, y recibir en casa, el objeto precioso, condensador de
    fertilidad. Es así que Lucy Strong, mujer, joven y guapa de 38 años,
    explica que reflexionó mucho tiempo antes de lanzarse en esa aventura
    pero que, presionada por el tiempo, no habiendo encontrado al hombre de
    su vida, finalmente, tomó la decisión de acudir a ese método.
    Cuenta
    haber invitado a sus amigas a escoger la muestra de esperma. La muestra
    está listada según algunas características como etnia, color de ojos y
    de cabellos, la altura e inclusive la religión y el nivel de estudios de
    los donadores. Estos últimos elementos, aunque no corresponden a ningún
    gen conocido por el momento, forman una suerte de envoltura imaginaria,
    para humanizar a ese padre de gametos. En resumen, se tiene ahí a un
    padre en su consistencia genética que, hay que aceptarlo, es minimalista
    y con sólo  hacer clic, llega a casa, listo para consumir. El precio de
    la muestra de esperma: 1100 euros. A pesar de la opinión de sus amigas,
    la joven mujer escogió un donador danés. Según ella, su solución ha
    funcionado ya que está embarazada de 6 meses: “ Hice clic, lo puse en mi
    carrito y me lo enviaron congelado, como un libro en Amazon”
    De
    hecho en Gran Bretaña a diferencia de Francia, la inseminación por don
    de esperma es legal y accesible a todos, sobre toda a las celebridades.
    Tienen la posibilidad de prescindir de un hombre de carne y hueso.
    El
    reportaje muestra también al médico de la clínica que ofreció ese
    método a muchas mujeres que temen la infertilidad asociada a la edad.
    Explica tranquilamente que las mujeres (pareciera que habla de hembras
    en periodo de celo) tienen el comportamiento de medir en el hombre que
    escogen el patrimonio genético del que él es portador muy  anclado en
    ellas.
    Un
    genoma con patas de alguna manera. “Ellas miran el color de sus ojos,
    de sus cabellos, su medida”, imaginando entonces como esos caracteres
    físicos pueden duplicarse en sus retoños… por la vía sagrada de la
    herencia. Ah, si la genética se redujera a dos… como el amor que, él se
    basta con dos! Pero la genética es más compleja y sin conocer el color
    de piel, de cabello y de ojos de los padres del donador y de sus
    abuelos, tendrá pocas posibilidades de estar seguro del éxito total de
    la elección para su hijo. La genética puede procurar algunas pequeñas
    sorpresas… Pero hay que esperar. Ese es el mensaje de ese médico que
    navega por el mercado de la infertilidad sin ningún remordimiento.
    La elección de la maternidad
    El
    psicoanálisis nos enseña que ser madre se aprende del Otro. No es
    innato. No está programado de manera universal pese a que el deseo de
    hijos es la solución clásica dada al complejo de Edipo femenino y a la
    castración. Hasta entonces, las mujeres iban a buscar el falo con el
    hombre. Hoy en día ellas pueden buscarlo en un banco de esperma. Eso es
    lo nuevo. El reportaje indica que se puede pedir un “padre” confundiendo
    espermatozoide y paternidad, lo que claro está es una manera comercial
    de decir las cosas.
    Habrá
    cada vez más niños cuyo padre será una bolsa de sorpresas, los hombres
    de sus madres haciendo de padres de sustitución. Sólo que, según Lacan,
    el padre no tiene derecho al respeto sino al amor (3), a condición de
    hacer de la mujer de su elección su objeto a, es decir, su síntoma.
    Entonces las cosas se complican. El padre biológico se separa de facto
    de ese padre simbólico, que se constituye más en su relación a una mujer
    que a su hijo. De cualquier manera, si lo real de la paternidad es aun
    un enigma que abre al niño una interrogante sobre su existencia, cuando
    habrá que decirle que su padre es una bolsa de esperma, será mejor
    prever una salida más glamurosa a ese divino detalle.
    Las
    celebraciones alrededor del nacimiento tienen vocación de hacer
    funcionar un orden simbólico a la llegada y al reconocimiento del niño
    que acaba de nacer. Pero fallan en nombrar lo que hace hueco y no tendrá
    jamás una respuesta. Hoy más que nunca, los padres faltaran. Han
    faltado siempre y la humanidad hizo un síntoma : nombrar al padre – ese
    del que Freud y Lacan indicaron la función esencial en la vida de todo
    sujeto, sobre todo su utilidad simbólica para el primero, haciendo una
    función igualmente simbólica para el segundo. Cierto, su presencia
    física no es esencial, pero no se reduce a una muestra, habrá que ser
    cuidadoso, dejar abierto el debate sobre lo que es un padre hoy en día.
    La respuesta de Lacan viene a ayudarnos y a esclarecernos: “Se puede
    prescindir de él (del Nombre-del-Padre) con la condición de utilizarlo
    (4). Ello abre perspectivas útiles en una época en donde procrear no
    está sujeto al encuentro de los cuerpos.
    Hacia la adopción generalizada
    La
    cuestión es  saber si el padre entra en función en tanto portador de su
    esperma, como la ciencia quisiera hacernos creer, o si se puede
    prescindir de él. Ahora, los padres pueden aligerarse de la paternidad
    biológica prefiriendo la paternidad de corazón. De hecho, los hombres se
    constituirán cada vez más como padres adoptivos de niños nacidos fuera
    del circuito clásico. Tendrán cada vez menos hijos genéticamente de
    ellos y tendrán que acostumbrarse a educar los de alguien más, alguien
    anónimo, por lo menos hasta que el hijo cumpla dieciocho años, edad en
    la que podrá saber quien es su padre biológico que le permitió nacer.
    La
    paternidad avanza hacia una nueva era. El padre biológico será un
    epifenómeno, un real bruto, más cercano del residuo del que Lacan
    califica a la familia conyugal, inscrito en el cuerpo y fijado como un
    dato archivado consultable a posteriori, ahí el padre adoptivo
    sustituirá ese hueco dando materia a su función. Transmitirá a su hijo
    más que el color de piel o de ojos, lo único que será suyo y únicamente
    suyo es su amor, su palabra, el lazo tejido con el pasar de los años, lo
    que le da a la paternidad eso que Lacan ha llamado la función
    Nombre-del-Padre.
    Ese
    modelo existe ya en nuestras sociedades. La diferencia es que del padre
    real, el padre adoptivo no podrá decir nada. Igual que para el hijo,
    ese padre estará forcluido. Le será difícil decirle que tienen el mismo
    color de ojos o de cabello aunque … en cambio, le podrá decir que tienen
    los mismos gustos, la misma forma de hablar, el mismo “aire de familia”
    ya que todo eso se teje sin que sepamos como. Solamente sabemos que las
    identificaciones nos permiten parecernos a cualquiera y más aún a quien
    nos dio amor y protección. La diferencia es colosal. El amor es más
    fuerte que la genética en materia de transmisión.
    El
    don de esperma es absolutamente necesario para concebir un bebé pero
    queda indiscutiblemente sin recursos si no se acompaña de las palabras
    del portador del don. Lacan ha llamado eso transmisión “lo que implica
    la relación con un deseo que no sea anónimo” (5).

    Traducción: Cinthya Estrada.

    Notas:

    1. http://www.francetvinfo.fr/monde/europe/royaume-uni-le-grand-business-de-la-fertilite_1935673.html
    2. Canal de televisión francesa.
    3. Lacan, Seminario XXII, RSI, lección del 21 de enero 1975 http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.10.4%20CLASE%20-04%20%20S22.pdf
    4. Lacan, Seminario XXIII, El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2012, p 133.
    5. Lacan, Notas sobre el niño, Otros Escritos,Paidós, Buenos Aires, 2012, p 393.



     

    La mirada de Rembrandt
    por Marie-Noëlle Faucher 

     

    El pintor, dice Lacan en el Seminario XI “invita a aquel a quien se presenta el cuadro a deponer ahí su mirada […] Ese es el efecto pacificador, apolíneo, del cuadro” (1). También dice que “En la Biblia, e incluso en el Nuevo Testamento, no hay un buen ojo, sino que hay ojos malos por todos lados” (2).

    La
    exposición “Rembrandt intime”, actualmente exhibida en el museo
    Jacquemart-André, hasta el 23 de Enero, nos permite volver a ver un
    pequeño cuadro llamado Les Pélerins d’Emmaüs. Rembrandt tenía
    22 años cuando ilustró por primera vez la escena del Evangelio de San
    Lucas, contando una aparición, la del Cristo resucitado, a dos de sus
    apóstoles, en la posada de un pueblo llamado Emmaüs. Rembrandt volvió en
    varias ocasiones sobre este tema, pero este primer cuadro es único,
    extraño, conmocionado, perturbador. Él nos muestra unas miradas
    atónitas, un apóstol de rodillas, otro aterrorizado mirando el Cristo,
    el cuerpo inclinado hacia atrás, en un claroscuro produciendo un efecto
    de extrañeza. Rembrandt ve literalmente lo que dice el texto e intenta
    representar el cuerpo del Cristo que aparece, luego desaparece. Los ojos
    están por todas partes en el cuadro, momento de malestar donde la
    mirada surge, sorprende, resbala.

    Veinte años atrás mientras realizaba una lectura grupal, el mismo texto
    de este Evangelio, había dejado atónita a la joven madre cristiana que
    yo era. ¿Por qué? Después de este momento de vacilación y habiendo
    comenzado un análisis, me puse en el trabajo de comprender por qué este
    texto me miraba (3) tanto. Che vuoi?(4) ¿Qué quiere el Otro de mí? Y del mismo modo: ¿Qué soy yo?

    Dos apóstoles caminan hacia Emmaüs. Ellos van hablando y están tristes
    porque son discípulos de Jesús y lo vieron morir crucificado en una
    cruz, a pesar de que esperaban mucho de él. “Esperábamos que él sería
    quien rescataría a Israel”, dijo San Lucas, en la Biblia (traducción de
    Lemaître de Sacy). En la ruta, un viajero se une a ellos. Es el
    mismísimo Jesús, pero “Sus ojos no lo reconocieron”. ¿Qué cuerpo tiene
    entonces el Jesús de la resurrección? Los teólogos hablan de un cuerpo
    glorioso, este no es, más, un cuerpo de carne. ¿Cómo representar este
    cuerpo en un cuadro? El texto dice que la noche cae y que los dos
    apóstoles invitan al desconocido a que se quede a cenar con ellos.

    En el momento en el que “él tomó el pan, lo partió, y se los dio, al
    mismo tiempo sus ojos se abrieron, ellos lo reconocieron, pero él había
    desaparecido delante de sus ojos”. De este texto extraño, hablan de un
    eclipse, el del Otro, agujero en el pensamiento, agujero en la mirada,
    ¿qué es lo que nos muestra Rembrandt? ¿Qué puede mostrarnos? ¿Qué es lo
    que él pinta? La imagen del cuerpo que hace “casulla a ese objeto a“(5).
    Momento pacificador de “la deposición de la mirada”(6).

    Traducción: Julián Lasprilla.

    Notas:

    1. Lacan J., Le Séminaire, livre XI, Les Quatre Concepts fondamentaux de la psychanalyse, texte établi par J.-A. Miller Paris, Seuil, coll. Champ Freudien, 1973, p. 93.
    2. Ibid., p. 108. La autora del texto utiliza en francés la palabra « regardait » que traduce al castellano “concernía” y también “miraba”. (N.Del.T.).
    3. Lacan J., « Subversion du sujet et dialectique du désir », Écrits, Paris, Seuil, coll. Champ Freudien, 1966, p. 815.
    4. Cf. Lacan J., « Discours à l’EFP », Autres écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 262.
    5. Lacan J., Le Séminaire, livre XI, Les Quatre Concepts…, op. cit., p. 104.
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