“Es mejor arder que apagarse lentamente”.
Hey, hey, my, my (into the black) Neil Young

Guillermo López
Hace unos días, exactamente el 5 de abril se cumplieron 25 años del suicidio de una de las estrella de rock mas influyentes de los 90, Kurt Cobain, líder de Nirvana. Sus problemas con las drogas y el alcohol, son ya conocidos y su carrera meteóricamente ascendente también. Ascenso en espiral que lo llevó a afirmar en un reportaje en 1993: “soy una persona más feliz, de lo que la gente cree”. Sin embargo un año después, luego de interrumpir su gira europea para viajar a Italia para encontrarse con su mujer e hija, en la habitación del hotel que compartían, tomó una sobredosis de pastillas regada de champagne. En la nota de despedida decía que el médico le había dado a elegir entre dejar las drogas o la muerte. Parecía una decisión tomada, pero la proximidad de su familia, hizo que entrara a un centro de desintoxicación, tiempo que duró poco, ya que se escapó. Pocos días después compró una escopeta, y el 5 de abril no hubo nadie para salvarlo. En la nota que dejó haría propias las palabras de Neil Young: “es mejor arder que apagarse lentamente”.
Resulta interesante la frase de Neil Young, porque hace alusión directa a la etimología del término adolescere, comúnmente se conoce o se tiende a asociar a la adolescencia con el adolecer con la carencia, el dolo, que hace que un joven siga siendo joven sin llegar a ser adulto. Sin embargo adolescere, tiene un sentido oculto, que viene del latín adolere, que significa: quemar, arder en sacrificio, y si se le agrega el verbo incoativo escere, significa algo así como “el comienzo del ardor”. La pubertad como comienzo del ardor, como emergencia de un real sexual en el cuerpo sorprende a los jóvenes. Frente a esa emergencia no están preparados, al no contar con las herramientas imaginarias o simbólicas que le permitan orientarse y dar una respuesta a la llama de un real. Llama, fuego que el joven vive como una urgencia, eso le urge y debe encontrar alguna vía de satisfacción y de solución.

Kurt Cobain


En el Seminario 10 Lacan nos explica muy bien con Hamlet, cual es la salida de esa vacilación fantasmática, la identificación al objeto a como resto, en la escena del cementerio, nos muestra que es necesario un pasaje por la pérdida en tanto falta, vacío simbólico, para que el sujeto pueda instalarse como causa de deseo del Otro. “Vemos como en ese punto interviene al desnudo aquella identificación con el objeto que Freud nos designa como el mecanismo fundamental de la función del duelo”



